«

»

Ene 19

A treinta millones de personas les gusta este comentario

Por Elaine Vilar Madruga

Del libro La hembra alfa, Premio Pinos Nuevos de Narrativa 2013

«Livre ouvert» de Trisku - Trabajo propio. Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons

«Livre ouvert» de Trisku – Trabajo propio. Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons

A Leonardo, del Club de la Recta.

A Piñera.

A los personajes de Sin City, ciudad roja.

Los cuchillos eran para él como una tercera mano, un apéndice que Dios hubiera enganchado a su carne. Desde niño, supo que odiaba su cuerpo. Dos manos. Diez dedos. Dos piernas. Otros diez dedos. Nariz que le confería un particular aire griego. Golden sugar hair. Orejas. Ojos.

A simple vista, un hombre normal.

Feliz y normal, como una más de las tantas moscas humanas que pululaban en el basurero sin fin del mundo.

Él no quería ser una más de las tantas moscas.

Odiaba la simetría.

Por eso, había encontrado alivio en los cuchillos, en sus hojas filosas sobre la escupida de la sangre. Uno/ dos/ tres, respirar profundo y ya estaba, tan simple, un tajo menos de carne, un dedo abandonado a su suerte, una breve mutilación que duraba un segundo y con solo el sufrimiento necesario. Había desistido de la anestesia, porque el dolor era casi como una mordida del placer o, al menos, se le asemejaba.

Los cuchillos le habían salvado la vida.

Muchas veces, antes de tenerlos, había fantaseado con la idea del suicidio, el salto desde un puente, la pastilla salvadora, la soga, el disparo, o quién sabe qué.  Entonces pensó en el cuchillo, y le pareció una de esas ideas fabulosas que llegan desde la página en Facebook de Dios, algo como:

Dios00 ha escrito:

Córtate las venas con el cuchillo de la cocina.

Ahora!!!!☻

Publicado a las 12:00 am.

A tres millones de personas les gusta este comentario.

Compártelo con tus amigos.

Aquella había sido, sin dudas, una inspiración divina.

Y, como las inspiraciones divinas no se obvian, decidió.

El cuchillo.

La tajada de carne.

El corte.

El flis-flis-flis de la sangre al salpicar.

Y la felicidad.

Voy a cortarme las venas ahora, y esta mierda de vida se va a acabar de una vez, pensó. Se sentía tan brillante como Tolkien al inventar la gramática de los verbos en élfico y el imperativo en la lengua de los uruk-hai. I´am the best, se dijo, y casi se (auto)masturbó al sentir la frialdad del cuchillo en la mano, sobre su muñeca y el fris-fris-fris de la sangre que salpicó cuando finalmente lo hizo.

Había pensado esto es the end, pero al sentir aquel dolor tan delicioso que se extendía como una leucemia por sus vías intravenosas, cambió de opinión. No podía ser que un hombre experimentara un link con acceso al cielo así de súbito y luego renunciar a eso.

Dios00 ha escrito:

Eres un maricón cobarde.

Si no te matas, te voy a freír en aceite hirviendo.

Qué carajo te crees???

Publicado a las 12: 50 am.

A quince millones de personas les gusta este comentario.

Dios es ahora amigo de siete personas más.

Los cuchillos se habían convertido entonces en una tercera mano.

Los guardaba siempre pegados a su cuerpo, bajo la tela de la ropa, para sentir su frialdad en la piel, en los riñones y los testículos, el erizamiento aquel que casi lo obligaba, una vez más, a (auto)masturbarse.

Solo, en muy escasas ocasiones, cuando la sensación de ser una de las tantas moscas que pululaban en el basurero de esta tierra se convertía en insoportable, sacaba los cuchillos y otra vez comenzaba a (fris-fris-fris) alcanzar el cielo, picar un pedazo, ser la Asimetría.

Al principio, se conformaba con un dedo, un pedazo de carne de la nalga, una oreja, un piquete en la nariz. El placer que le provocaba era inmediato. Luego, desarrolló una especie de mecanismo defensivo hacia la satisfacción rápida. Picarse un trozo apenas le provocaba sensaciones, y aquel placer simple de los primeros tiempos fue desapareciendo.

Tuvo que hundir el cuchillo más hacia adentro.

Picar pedazos mayores en área: largo/ancho/altura.

Ya para entonces había aprendido a manejar los cuchillos a la perfección.

Voy a ser un monumento de la Asimetría, se dijo a sí mismo.

Así que comenzó una nueva tarea.

Primero fue el brazo izquierdo, el testículo derecho y, luego, jugó al tin-marín-de-dos-pingüé cuál de las dos piernas conservaría. Por una cuestión de puro azar, se picó la derecha y el fris-fris-fris de la sangre manó ya no como goticas extraviadas sino como lluvia.

Fue feliz. Cada vez que se miraba a un espejo comprobaba que su cuerpo era un monumento a la Asimetría.

Al cabo de unas semanas, ya no opinaba lo mismo.

Sentía que aquella primera percepción había sido errónea, un reflejo distorsionado de sus ojos, qué carajo, era completamente simétrico en su asimetría. Necesitaba más de aquel dolor/placer. Necesitaba picar. En la página en Facebook

Dios00 escribió:

Te lo dije, comemierda.

Publicado hace dos días.

Ver los comentarios.

Dios00 te invita a la aplicación

HOW TO KILL THE MOST SIMETRIC STUPID ONE WITH A SPOON.

Con la mano que le quedaba se dedicó con total afán a seguir picando sobre la mesa de la cocina. Tenía que resolver aquel caos de alguna manera. Comenzó por cortarse la pierna y el testículo izquierdo. Luego, también el pene. Y, más tarde, la oreja y la nariz.

Convencido de que todo estaba solucionado, se asomó al espejo.

Nunca antes se sintió tan simétrico.

Fuck.

Intentó llorar de rabia, romper el espejo, cagarse en la página en Facebook de Dios, pero aquello no solucionaría su real problema.

Ojos que no ven, corazón que no siente, se dijo.

Dios00 te invita al evento

HOW TO BE AN EDIPO´S FAN.

¿Asistirás?

Sí.                      No.                 Tal vez.

Probó con el ojo derecho. El ojo era una bola colorada que lo miraba como un renacuajo desde la mano. Aquello era insoportable, así que decidió encajarle el cuchillo a ese cabrón renacuajo sin cuerpo.

Convencido de que todo estaba solucionado, se asomó al espejo.

Dios00 ha escrito:

JAJAJA.

A treinta millones de personas les gusta este comentario.

Fuck.

Su reflejo seguía siendo odiosamente simétrico.

Como no soportaba permanecer impasible ante aquel horror, tomó los cuchillos y los empujó contra su rostro. Sintió el fris-fris-fris de la sangre que resbalaba y luego, sobre la palma de su mano, se escurrió un nuevo renacuajo que arrojó contra la pared.

Seguramente ahora voy a ser feliz, se dijo, por aquello de ojos que no ven corazón que no siente. Pero qué mierda, todavía percibía su cuerpo, aquel monumento silencioso a la simetría y el JAJAJA desde la página en Facebook de Dios. No soportaba esa risa tan cabrona que pesaba sobre su cabeza como un aro de hierro.

Entonces tuvo una idea. La única forma de dejar de escuchar la risa, el JAJAJA de Dios, era seguir picando.

Colocó la cabeza contra el suelo y agarró los cuchillos. Con un tajo certero logró cercenar la carne casi hasta la mitad del cuello, pero el hueso era persistente. Precisó más fuerza aún, cinco o seis golpes antes de que la cabeza se decidiera a caer como un escupitajo. Después sintió el fris-fris-fris de la sangre, el torrente rojo y los pinchazos de placer justo en el centro de los riñones. Pensó que sería todo.

Ahora sí sería un monumento a la asimetría. Pero no.

Desde la página en Facebook de Dios, el comentario:

Dios00 ha escrito:

JAJAJA. JAJAJA. JAJAJA.

Hace cinco segundos.

Una mordida de rabia le hizo apretar la hoja de los cuchillos con la mano sobreviviente, hasta sentir cómo la sangre (fris-fris-fris) corría por su muñeca.

No podía soportarlo más.

Aquella risa: bofetada.

Aquella risa: asco.

Aquella risa: recordatorio de que era una de las tantas moscas que tenía las patas hundidas bien en el fondo de la mierda del basurero que se llama cosmos.

Fuck, se dijo. Soy un maldito monumento a la Simetría.

El dolor, esta vez ya no mezclado con el placer, se le encajó en el centro del pecho. No lo soportaba. Necesitaba sacarlo de ahí.

Una vez más, los cuchillos lo salvaron.

Tuvo una idea.

Una de esas ideas inspiradas que parecen llegar directas desde la página en Facebook de Dios.

Hundió los cuchillos en el centro del pecho, hasta llegar al corazón y, cuando este se detuvo, buscó más adentro y luego más: riñones, hígado, páncreas, todo convertido en pulpa.

Cuando no quedó nada, se detuvo.

El fris-fris-fris de la sangre en sus oídos.

Y, de nuevo, la risa encima de la piltrafa que un día fue su cuerpo.

Con un último corte, logró separar su mano derecha del resto de la carne.

Todavía aferraba los cuchillos.

Dios00 te ha invitado al evento:

La mano: el mejor amigo del hombre.

¿Asistirás?

Sí.        No.       Tal vez.

La mano continuó picando con movimientos rítmicos.

Como una máquina roja.

1 de agosto del 2012

Tomado de Fabulaciones en Cubaliteraria.cu

Optimization WordPress Plugins & Solutions by W3 EDGE