Nov 28

Ciencia ficción humorística

CIENCIA FICCIÓN HUMORÍSTICA; UNA TRADICIÓN… Y  «CIENCIA RICCIÓN»  ¿UN INVENTO CUBANO?

Libro Antologia cienciariccion-FINAL Prologo del libro Ciencia ricción, Antología de cuentos humorísticos de ciencia ficción, escrito por Yoss. Comentado por Gretel Avila, la editora del libro.

(nota. Agradecimietos a Carlos Duarte por facilitarnos el escrito)

Para muchos antiguos filósofos, como Aristóteles o Confucio, por ejemplo, la risa era uno de los varios dones divinos que diferenciaba al ser humano de las bestias inferiores. Pero resulta que, como han demostrado los etólogos[1], además de nosotros, ríen también los simios antropoides o primates superiores, y algunos incluso consideran que asimismo lo hacen mamíferos menos evolucionados, como perros y caballos.

Hay tantas teorías sobre el origen del humor y su función, como estudiosos: Freud creía que la risa constituía una salida o válvula de escape psicológica a las frustraciones, y así lo expuso en su gran obra El chiste y su relación con el inconsciente; Bergson, por su parte, en su monumental ensayo La risa, se decanta más bien por considerarla el último recurso del intelecto del hombre ante la intrínseca incomprensibilidad y absurdidad del universo.

Pero sea exclusivo de los humanos o no, y tenga la función que tenga, hay algunas cosas que nadie se atrevería a discutir sobre el humor: Primero, que ha acompañado a nuestra especie desde su mismo surgimiento en las cavernas… si no desde antes.  Y segundo, que pocas cosas resultan tan agradables y relajantes como reír a mandíbula batiente. O incluso sonreír.

A nuestros remotos antecesores de CroMagnon, que debieron vivir todo el tiempo preocupados por peligros muy reales y concretos, como el hambre, la sequía, la inundación y la amenaza del oso, el tigre dientes de sable o la manada de lobos, incidentes como el que un cazador distraído pisara una hedionda plasta de excrementos de mamut, hundiéndose en ella hasta las rodillas, debieron resultarle encantadoramente divertidos… quizás porque, salvo el mal rato para el afectado, en nada perjudicaban a la supervivencia de la tribu.

Tal es uno de los mecanismos intrínsecos del humor considerado más puro, que es el blanco; el incidente molesto que ridiculiza, pero sin poner de veras en peligro. Porque si el peligro es real, ya estamos ante el humor negro, que es otro cantar. Aunque igual de válido, claro.

Posteriormente, cuando la igualitaria (o más o menos) comunidad primitiva se convirtió en el técnicamente superior pero a la vez bastante más injusto esclavismo, los pobres campesinos de las riberas del Nilo debieron disfrutar hasta el delirio cada traspié o cada paloma que defecaba encima de sus dirigentes, los feroces jefes militares, orgullosos sacerdotes o incluso el mismísimo y deidificado faraón… porque tales acontecimientos mostraban que, por muy superiores que pretendieran mostrarse en su pompa y solemnidad, aquellos imponentes personajes seguían siendo hombres.

O al menos lo bastante como para molestarse cuando alguien reía de ellos…

Y es que otra de las características básicas del humor es justo su capacidad desacralizadora. Por eso mismo ha sido históricamente tan mal aceptado por las élites gobernantes: un rey puede ser herido de un atentado contra su vida y conservar todo el respeto de sus súbditos… pero, en cambio, la sarcástica trompetilla o el irreverente pastel de merengue arrojado a su monárquica y solemne cara desatan reacciones en cadena de las que resulta muy difícil salir indemne a cualquier autoridad.

Como muchas otras actividades humanas, desde tiempos muy remotos el humor y el chiste también tuvieron profesionales. Y si bien los jocosos bufones que con sus chanzas aireaban las intrigas de sus señores y sus cortes nunca alcanzaron el reconocimiento y la aureola romántica de aedas, rapsodas o juglares, a menudo lograron una influencia bastante mayor, pese a sus figuras contrahechas y sus abigarrados gorros de cascabeles. Till Eulenspiegel y sus congéneres bien pudieron ufanarse de una popularidad que nunca alcanzaron Blondel ni otros célebres trovadores.

Desde mucho antes de la alfabetización generalizada que desencadenó el invento de la imprenta de tipos móviles por Gutenberg, con su consecuente aumento de la cantidad de ejemplares y disminución del precio de los libros, ya el pueblo llano se divertía asistiendo a grotescas representaciones teatrales con títeres, como Punch y Judy. O coreando canciones y chanzas burdas u obscenas, algunas de las cuales han llegado hasta hoy, sin embargo. Como las rimas inglesas de La burla de Hendy Tobías o las cuartetas pareadas de sus pícaros limericks, amén de todos los deliciosos cantos corales en latín vulgar que el compositor germano Karl Off usó para componer ese bellísimo e imponente fresco sonoro medieval que es su Cármina burana.

Pero sin duda alguna, fue la literatura lo que mayor impulso dio al humor. Ya no se requería ser un genio ducho en réplicas rápidas, certeras e ingeniosas para hacer reír a la concurrencia, improvisándolas sobre la marcha o memorizándolas. Siempre se podían leer. Ya fuera en forma de teatro, ya de relatos, el contar con un guión o texto previo simplificó notablemente la tarea de los cómicos.

Y complicó la de los autores, de paso. Porque el lector acudía a la literatura esperando que lo hicieran sentir emociones fuertes: llanto, enojo, pena… y también risa, mucha risa.

De ahí la tremenda popularidad que alcanzaron recopilaciones llenas de anécdotas jocosas como El Decamerón de Giovanni Bocaccio, que en tal mal sitio deja a los avaros, a los beatos, a los hipócritas, a los fanfarrones y a los cornudos. O toda la picaresca española, del anónimo Lazarillo de Tormes, al quevediano e igualmente disfrutable Vida del Buscón. Del esperpéntico Gargantúa y Pantagruel del francés François Rabelais y de las ¿serias? reflexiones de Erasmo de Róterdam en su inmortal Elogio de la locura.

Un buen rato de sana (o no tan sana) risa que los ayudara a olvidar el duro bregar de cada día esperaban igualmente los buenos súbditos de Isabel I cuando acudían al teatro El Globo a disfrutar de las comedias de Shakespeare. Risa que hallaron también, los que leían, entre las numerosas páginas llenas de picantes peripecias del Tom Jones de Henry Fielding y del desmesurado y extravagante Tristam Shandy de Laurence Sterne. Así como luego en los irónicos cuentos de Saki y en toda la obra de autores humorísticos como Jerome K. Jerome y de G. K. Chesterton, (con o sin padre Brown). Mientras que sus contemporáneos siguen riendo y disfrutando con las sagas sobre las cotidianas desventuras de Wilt, el personaje creado por Tom Sharpe, o de las fantásticas ocurrencias de Terry Pratchett, con su inverosímil Mundo Disco.

Y así la risa, victoriosa, amada por los humildes cuando ridiculizaba a los poderosos, odiada y a veces hasta estigmatizada y prohibida, so pena de muerte por estos, cuando la sentían atentar contra sus privilegios, prosiguió su cabalgata victoriosa a través de los siglos.

La historia de la literatura registra los nombres de multitud de autores que deben su éxito precisamente a su dominio de los resortes de la comicidad. Es por ello que maestros del sarcasmo como Jonathan Swift, Savinien Cyrano de Bergerac y Mark Twain aún nos deleitan con sus páginas atemporales.

No resulta en modo alguno casual la elección de los autores de la lista anterior: al igual que el ya citado y contemporáneo Terry Pratchett, todos ellos cultivaron el género de la narración fantástica… cuando no directamente el de la ciencia ficción.

Ya fuera en las islas imaginarias de Liliput con sus enanos y Brobdingnag con sus gigantes, ya en la voladora Laputa o en el país de los inteligentes equinos hoyuyhyms[2] y los brutos yahoos[3], Swift hizo a su Lemuel Gulliver enfrentarse a la otredad pura… que hacía comprender por elipsis cuán ridículos eran mucho de los afectados comportamientos que sus contemporáneos tenían por naturales. Algo muy similar hizo Cyrano a través de la descripción de los extraños hábitos de los habitantes de los imaginarios imperios de la Luna y el Sol, y Samuel Langhorne Clemens, el gran humorista yankee que eligiera desde muy joven el seudónimo de «segunda marca»*2 escribió una de las primeras historias de desplazamiento en el tiempo (mucho antes de Wells y su Viajero) con su Un Yanqui de Connecticut en la corte del rey Arturo, exquisita sátira sobre los males de la sociedad industrializada y su conflicto con los valores tradicionales.

Incluso un precursor de la CF[4] tan respetable como Julio Verne no dudó en recurrir a la sátira y la parodia en novelas como Hector Servadac, en la que un esforzado militar y su fiel ordenanza viajan al espacio de manera incluso más improbable y disparatada que la bala de cañón tripulada de su mucho más célebre De la Tierra a la Luna ¡cuando el impacto de un cometa arranca el trozo de la Tierra en el que se encuentran! Sin contar con la infinidad de episodios simpáticos de toda laya[5] que aparecen en diversas obras suyas, como Veinte mil leguas de viaje submarino, La isla de hélice, Viaje al centro de la Tierra y otras.

Hasta Wells, el sombrío visionario que auguraba invasiones extraterrestres, ciencias desatadas, guerras aéreas y futuros terribles de toda clase se permitió coquetear con el humor en obras tan sui géneris como La Visita Angélica, donde un ángel venido de otra dimensión pasa su tiempo permanentemente asombrado de la más vulgar cotidianeidad inglesa… quedándose, por ejemplo, extasiado ante una simple vaca, que le arranca el divertido comentario de «creía que las vacas eran seres mitológicos. Allá solo tenemos sirenas, unicornios, centauros… lo normal, ya sabe…».

En fin, que el sense of wonder o sentido de la maravilla tan característico de la CF no está para nada reñido con el sentido del humor. Sino que muy a menudo se complementan y apoyan a la perfección.

Ya en el siglo XX, aunque para el lego, cuyo conocimiento suele limitarse a las versiones televisivas y/o cinematográficas, buena parte del género, como la space-opera, con sus ampulosos imperios galácticos (Star Wars) y aparatosas naves (Star Trek); o el subgénero de viajes en el tiempo (Regreso al futuro; Timecop y tantas otras) con sus paradojas como la de regresar en el tiempo y matar al propio abuelo antes de que tenga descendientes (para no haber nacido nunca y, en consecuencia, ser incapaz de haberlo matado) no pasan del mero chiste imposible de tomar en serio, lo cierto es que ha surgido todo un potente subgénero de CF humorística. Que cuenta con cultivadores tan renombrados como Isaac Asimov, quien además de Fundaciones y Robots tiene en su haber no pocas historias jocosas: bromas literarias como su impagable Las propiedades endocrónicas de la tiotimolina resublimada, un falso artículo científico sobre una sustancia de imposible existencia… o su Paté de foie-grass, donde se atreve a meterse nada menos que con la célebre oca de los huevos de oro, física atómica de por medio, no faltaba más.

Otro autor emblemático de CF humorística, que hizo de la brevedad aliada a la comicidad su gran baza de triunfo, fue Fredric Brown. Tanto en sus novelas Universo de locos y Marciano ¡vete a casa! como en decenas de deliciosos y cortísimos cuentos[6], su sarcasmo, humor negro e ironía siguen deleitando a los lectores de hoy.

Lo mismo que en su día hiciera Cervantes con su Don Quijote lo logró siglos después Clive Jackson con su formidable cuento corto Los espadachines de Varnis: si uno ridiculizó las novelas de caballería, el otro se burla a gusto de las adocenadas «historias de espadas y pistolas láser» lo peor de la space-opera.

El inglés Douglas Adams revolucionó el género con su farsesca tetralogía de la Guía del autoestopista galáctico[7], que fue primero guión de radio, luego libros, serie de TV y más recientemente filme.

Antes de volverse mundialmente famoso como el creador del «culebrón de fantasía» con su saga Canción de hielo y fuego, George R. R. Martin ya era bien conocido por los fans, entre otras obras gracias al fascinante fix-up[8] que tituló Los viajes de Tuf, texto que regaló al género uno de sus más hilarantes personajes: el gran Tuf, improbable mezcla de ecologista y Falstaff shakesperiano del espacio que recorre planetas con su sorprendente Arca sembradora, sacando a sus habitantes de diferentes apuros.

El genial y prolífico polaco Stanislaw Lem escribió en clave sarcástica buena parte de su imprescindible obra: Ciberiada[9]; Manuscrito encontrado en una bañera; Diarios de las estrellas, Congreso de futurología.

Lo mismo hizo el ruso Iliá Varshavski, y hasta ese insoslayable dúo ruso del género que son los hermanos Strugatski (Arkadi y Boris) se permitieron destellos hilarantes a lo largo de toda su obra, que luego concentraron en su rocambolesca Una isla habitada.*5

Una enumeración exhaustiva de los «ciencia ficcioneros cómicos» amenazaría con ser interminable, pero vale la pena citar algunos otros hitos:

Joe T. Sladek, en Mecasmo, imagina una máquina capaz de obtener placer en asimilar nuevos componentes; Fritz Leiber, en Un fantasma recorre Texas y Los cerebros plateados, juega con los estereotipos del american way of life; Joanna Russ derrocha sarcasmo contra el machismo en El hombre hembra; David Langford se dedica descaradamente a la más irreverente parodia en su Guía del dragonstopista galáctico al campo de batalla estelar de Covenant en el límite de Dune: Odisea dos.[10]

Y los latinos no se quedan atrás: en su muy original El Señor de la Rueda, el español Gabriel Bermúdez imagina una sociedad futurista basada en los códigos caballerescos de duelo… viviendo en castillos rodantes; la argentina Angélica Gorodischer, que regaló al género esa obra maestra que es la novela Kalpa Imperial, es también la pícara creadora de Trafalgar Medrano,*6 el investigador de lo improbable, cuyas aventuras van de lo cómico a lo hilarante.

¿Y en Cuba?

Dado que los ya lejanos antecedentes del género en el país, como Esteban Borrero con su Aventura de las hormigas a finales del XIX o Juan Manuel Planas con su muy imaginativa historia de geopolítica-ficción La corriente del golfo en los años 20 del XX parecieron tomarse muy en serio eso de la anticipación y la especulación, habría que esperar a los 60, cuando la primera oleada de autores post-triunfo del 59 se lanzó a escribir y publicar sus obras, para que el humor y la CF se combinaran.

Derrocha humor la novela El libro fantástico de Oaj, en el que Miguel Collazo se luce con una hilarante versión habanera de las bradburianas y muy poéticas Crónicas marcianas; relativamente jocosos son también varios de los cuentos del decano Ángel Arango, como «El día que Nueva York penetró en el cielo», «El planeta negro» o «El Gas-robot»; y de Arnaldo Correa, que en «Asesinato por anticipado» y «Retroceso» también disfruta la más desinhibida parodia; Juan Luis Herrero borda un asfixiante relato de humor negro en su breve «No me acaricies venusino»; Rogelio Llopis hace burlescas exégesis de los clásicos en «Dos fábulas» y hasta el mismísimo y solemne Oscar Hurtado, dejando por una vez aparte a dragones y vampiros extraterrestres, se permite coquetear con la farsa en su cuento «Los zánganos de la colmena».

Luego, tras el quinquenio gris y el consecuente hiato creativo de los 70, Bruno Henríquez retomaría la CF y el humor con algunas de las historias incluidas en su Aventura en el Laboratorio, Mención David 1978… compitiendo contra libros que no eran del género, además. Y tras ganar el primer David de CF al año siguiente, Daína Chaviano, la recordadísima Dama Duende, se permitió historias tan jocosas como «La culpa es del robot». Mientras que otra autora, Ileana Vicente, en textos como su deliciosamente sutil «Primer Informe», también empleó el humor como un válido recurso narrativo en la CF.

Pero habría que esperar a que una firma bien conocida de los lectores del semanario Palante incursionara en el género para que Cuba pudiese disfrutar del equivalente tropical de Fredric Brown: desde que F. Mond (Félix Mondéjar) publicara Con perdón de los terrícolas, iniciando la saga que luego continuaron ¿Dónde está mi Habana?; Cecilia después o, ¿por qué la tierra?; Krónicas Koradianas; y Vida, Pasión y Suerte, este autor regaló una tras otra, al fandom[11] cubano, sus osadas parodias, pertenecientes todas al ciclo «koradiano» o del marciano Iílef y el robot Larx.[12]

Y aunque autores de tanta calidad como Gregorio Ortega, Agustín de Rojas, Eduardo Frank, el binomio Alberto Serret & Chely Lima y Rafael Morante prefirieron seguir siendo «serios», mirando retrospectivamente el panorama de aquellos años da la impresión de que, después de Mond, como si él hubiera levantado un veto no escrito, la CF cubana hubiese sufrido la acometida de una verdadera avalancha de textos jocosos o «vernáculos». Lo que Jorge Mañach llamara tan acertadamente «choteo criollo» se convirtió en una especie de «choteo con escafandra», expresión un tanto vulgarizada de esa célebre capacidad del cubano para poner al mal tiempo buena cara.

Algunos de estos textos, en cualquier caso, fueron formidables: Memorias de un traductor simultáneo, de Luis Alberto Soto Portuondo: Un duro lobo del espacio, de Arnoldo Águila; Los tres días, de Julián Pérez… por solo mencionar los más recordados.

Pero, ciertamente, los concursos anuales de cuento breve del género, convocados por la revista Juventud Técnica, se vieron desbordados por lo que algunos llamaron «historias de marcianos en el platanar de Bartolo»: ingenuas, costumbristas, dicharacheras e incluso un tanto chovinistas: había nacido la «ciencia ricción».

Lo peor fue que este esquema, con distintas variantes, ¡y, por desgracia, la mayoría no tan felices ni originales como las arriba citadas! parecía pasar de cuento en cuento y de autor en autor… como bien demuestra la tónica predominante en las dos muy desiguales antologías de relatos premiados publicadas por dicha revista: Recurso Extremo y Astronomía se escribe con G, sobre todo esta última.

Esto, lamentablemente, redundó en que el género perdiera buena parte de la escasa respetabilidad que con tanto trabajo había conseguido ganar.

Por suerte, tras el nuevo impasse del período especial y la crisis de papel y publicaciones en los 90, durante el último decenio la CF cubana parece haber recuperado una vez más las ganas de reír. De reírse de todo y de todos, incluso de ella misma.

Son un buen ejemplo de esta nueva tendencia autores como Eduardo Del Llano, que publicara en el 2001 ese imprescindible pastiche gulliveriano que son Los viajes de Nicanor y que por ello abre con pleno derecho esta selección con su inesperado «Un mundo mejor es posible»; como Juan Pablo Noroña, quien cultiva con magistral intuición todos los subgéneros de la CF, y cuyo texto Proyecto «Chancha Bonita», penúltimo del índice, es una joyita del humor negro… que no teme reírse de un tabú moral tan «serio» como es el de la zoofilia; o como Michel Encinosa, que para casi segura sorpresa de sus muchos fans demuestra en «Cordero en Salsa» que también en Ofidia hay sitio para el humor… del más negro, claro.

Característica curiosa de esta antología es, además de la brevedad de la mayoría de sus textos (el humor rara vez es cosa extensa: lo bueno, si breve, dos veces bueno, ya se sabe) el que, descontando a los tres autores arriba citados, no encontrarán los lectores muchas otras firmas habituales en las librerías de la isla.

Los fans que ya leían CF en los 80 recordarán a Ileana Vicente, que reaparece en escena tras largos años de silencio con «Desencuentros Cercanos», breve historia sobre un ¿fracasado? contacto con el más allá, muy al estilo cubano…. Y tal vez también a Ricardo García Fumero, que con su brevísimo y sorprendente relato de CF deportiva «Victoria» habría merecido con pleno derecho figurar en la selección En sus marcas, listos ¡futuro! recopilada por los mismos antologadores… e incluso, si tienen eso que se llama memoria eidética, podrían hasta tener presente que Ricardo tiene un hermano gemelo, Alberto… aunque no supieran que escribe, lo que demuestra aquí, con un cuento sobre el relativismo biológico y la obstinación militar, de nombre tan lacónico como el del texto de su hermano: «Sorpresa».

Está también Yoss, que (privilegios de recopilador) cierra el volumen con «Si usted se siente como un dios…», farsesco decálogo de consejos para una improbable situación, perteneciente a su libro aún inconcluso Etc y otras cosas; y Erick Jorge Mota Pérez, aún joven pero ya merecido ganador en el 2007 del Premio La Edad de Oro, con su muy disfrutable Bajo presión, y en el 2008 del Premio Calendario (ambos en CF, ni que decirse tiene), con Algunos recuerdos que valen la pena; en esta ocasión «el Mota» como le llaman sus amigos, nos deleita con «De todas formas no podrán ocultar la verdad», uno de esos textos slip-stream o new weird donde la fantasía tolkieneana confluye con una CF del más puro e inesperado steam-punk.

Aquellos pocos e infatigables miembros del reducido y entusiasta fandom nacional que no se pierden un «Behíque» ni un «Espacio Abierto» como mismo antes no se perdían un «Ansible»[13] probablemente hallarán también familiares los nombres de Gabriel Gil, quien traza un sutil homenaje a la serie CSI en clave de CF con su «Cuervos curiosos sobre tripas frescas»; y de Yadira Álvarez, una de las responsables del informativo Estronia, que en «Carne o pescado», texto que ganara el primer concurso Oscar Hurtado, en el 2009, en la categoría de CF, sorprende con su humor delicado y sutil, nada burdo, ¿muy femenino? y encima relacionado con detalles culinarios.

Habitual es también el dúo Erik Flores/Jesús Minsal, que no titubean en meterse con el béisbol, pasatiempo nacional… y para más inri, con sus fanáticos, en su delicioso «Un héroe con responsabilidad».

Gerardo Chávez Spinola, más conocido por ser el webmaster de El guaicán, el sitio oficial de la ciencia ficción cubana en Internet que, como autor, demuestra sin embargo aquí que es un maestro del relato corto, en ese derroche de brevedad y negrísimo humor en torno a un primer contacto que es «Encuentro».

Colaborador de Gerardo Chávez en su sitio web, fundador del taller Espacio Abierto y organizador del evento homónimo, co-antologador de estas páginas, en fin ¡hombre orquesta que está en todo y en todas! el incansable Carlos Duarte Cano, cuyo nombre empieza a sonar fuerte en los ámbitos del género tras su premio Juventud Técnica, del 2008, se permitió también incluir (ya, privilegios de seleccionador… que el que parte y reparte, etc…) su exquisito «Cánticos para la tierna infancia», que no deja títere con cabeza analizando «semánticamente» varias canciones infantiles.

El humorista Jorge Bacallao, de quien muchos recuerdan el video de un paródico monólogo sobre La Habana[14], tras su estreno de lujo como ciencia ficcionero en Hijos de Korad, la antología del taller Espacio Abierto, con La palabra, un texto que, inspirado en la estremecedora historia de Gustav Meynrick La muerte morada, tiraba a chacota la mística tesis de los poderes misteriosos de ciertos sonidos, aquí con El diferendo especula sobre una singular invasión a los EE. UU. por un pueblo cuyo nombre no se menciona, pero que todos reconoceremos a las pocas líneas…

De la muy joven pero ya pluripremiada y con libro publicado[15] Elaine Vilar Madruga, fundadora del taller Espacio Abierto y organizadora de los eventos homónimos[16], se incluye «Los caminos de la diplomacia», una jocosa reflexión sobre la relatividad cultural.

A algunos de estos escritores los encontramos los seleccionadores de este volumen casi cada quincena, en las sesiones de Espacio Abierto.

Como sucede con Denis Álvarez Betancourt, en tanto que biólogo, colega de Carlos Duarte, pero además hermano de Yadira… y autor de esa delicia vernácula que es «Ñico el abducido»; con el aún adolescente David Peraza, autor del no por estricta y gramaticalmente lógico menos hilarante «El error de La Comisión»; con la siempre sonriente informática Victoria Isabel Pérez, que vio con sorpresa cómo «secuestramos» su primer cuento ¡todo autobiográfico! «Licencia de conducción» para este libro; o con el joven abogado Jeffrey López Dueñas, que hábilmente convirtió una anécdota de su práctica cotidiana como abogado en el jocoso «Arbitrio Judicial».

A otros no podemos verlos tan a menudo como quisiéramos… o, peor aún, ni siquiera los conocemos. Como al médico cubano residente en Perú, Albino Hernández Pentón, que también probablemente convirtiera un incidente de su experiencia real en esa fina joyita de humor que es «Tres veces más pequeño»; o a Claudio Guillermo del Castillo, que trabaja en el aeropuerto internacional de Santa Clara y que con el intrigante seudónimo «Ajímalayo» fuese mención en el Oscar Hurtado, de CF 2009, con «Patrones de conducta», una historia de guerras interplanetarias y etología sobre la que preferimos no regalar más detalles al lector, sino solo conminarlo a que la lea ya.

Desconocidos también, o casi, nos resultan Ida Mitrani, la autora de esa simpática historia de clones que es «¿Dónde me pongo?»; Miguel Ángel Trujillo, que desde Güines nos envió esa brevísima pero sabrosa broma lexicológica que es «La Gran Batalla Galáctica»; el recientemente muy publicado (y no sólo en el género) Yonnier Torres, que despelleja sin piedad a las burocracias de dos mundos paralelos en «Estamos a punto de ser inspeccionados»; y Niurka Alonso, que por semanas nos tuvo exprimiéndonos las meninges para saber de quién era esa pequeña delicia costumbrista titulada «El OVNI en la sopa…» para luego sorprendernos en el «Espacio Abierto» 2009 al asistir a su conferencia sobre las lenguas en la CF preparada a cuatro manos con Alberto Fumero.

Autores hay, como Rafael Orta Amaro, con ese vernáculo y sarcástico «Shabri Besca»; o Víctor Hugo Pérez Gallo con su ingeniosa y brevísima broma mitológica «La verdad de Asterión», que aunque ya habían publicado, revelan aquí por primera[17] vez su afición por el género,

Publicados o inéditos, amigos, conocidos o aún por conocer, a todos estos autores que nos entregaron con tanta amabilidad sus textos y que soportaron nuestras torturantes sesiones de edición*10 les damos las gracias, y nos gustaría augurarles un brillante futuro en el género… si siguen escribiendo duro y revisando aún más duro, claro.

Y, en fin, a los lectores que se adentran en este libro, solo nos queda advertirles un último detalle: la risa, como todo lo bueno, también causa empacho. Así que hemos tratado de dosificar cuidadosamente las historias. No todas, entonces, provocarán carcajadas enseñacordales… algunas no pasarán de arrancar al que las lee una sonrisita condescendiente, bien que lo sabemos.

Pero tengan, por favor, muy en cuenta, que el humor está hecho no solo de risa, sino también de simpatía.

Así que, si tan solo logramos que al cerrar la cubierta tras la última página usted haya pasado un buen rato leyendo estas historias de «ciencia ricción» y de paso aprendido un poco sobre esa cuarta dimensión de la literatura que según dijera el colombiano René Rebetez es nuestro género, nos daremos por más que satisfechos.

Y esperamos que usted también ¿no?

Yoss

19 de enero de 2010

 


Notas de Yoss y la editora Gretel Ávila.

[1] Zoólogos especializados en el estudio del comportamiento animal (Todas las notas salvo indicación de lo contrario son del autor del prólogo).

[2] Perdonen la grafía más bien tentativa… pero sin el libro de Swift al lado, no hay modo de recordar cómo se escribía. Pero en realidad, ¿acaso importa tanto? También suena como un relincho, que es lo que vale.*1

*1Es houyhnhnms y sí importa. Como te gusta ponerme a trabajar; ¿sabes hace cuánto tiempo no abría los Viajes de Gulliver? (Nota de la editora).

[3] Eran humanos de aspecto salvaje y que se comportaban como tales, por contraposición a los civilizados hoyu… eso mismo. Y si alguien piensa que de aquí salió el nombre del célebre dominio actual de internet, pues probablemente esté en lo cierto. Aunque los australianos, por su parte, sostienen que es una exclamación de sorpresa de sus aborígenes.

*2 Perdona que te interrumpa otra vez pero creo que hay que puntualizar, a pesar del nombre, la pista de «segunda marca» y el título del libro, que te estás refiriendo a Mark Twain. (Otra vez la editora).

[4] A partir de aquí, usaremos esta cómoda abreviatura para evitar la constante y engorrosa redundancia del término «ciencia ficción».

[5] No en balde fue un relativamente exitoso autor de comedias teatrales antes de comenzar su triunfal serie de los Voyages extraordinaries.

[6] Por ejemplo, esa joya que es El caricaturista, escrito en colaboración con Mark Reynolds y publicado en Cuba en los 80 por la colección Suspenso en su antología El viaje más largo.*3

*3Y por qué no dices que Suspenso era una colección de Gente Nueva: aportas más datos y, de paso, halagas a la editorial que te publica. Por cierto, probablemente circulara en los 80, pero su fecha de publicación fue en 1979; aunque no me acuerdo, era muy chiquita y todavía no leía CF, pero tengo biblioteca —y acceso al catálogo de la Editorial—. (La editora, ya sabes).

[7] La integran, además del libro homónimo: El restaurante del fin del mundo; La vida, el universo y todo lo demás y Hasta luego, y gracias por el pescado.

[8] O combinado de relatos; lo que algunos autores cubanos llaman «cuentinovela».*4

*4 Y aunque casi nadie lo conoce por eso, también escribió guiones para series televisivas, como el remake de La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone) y La Bella y la Bestia, con la terminator Linda Hamilton y Ron Perlman, el rey león de las alcantarillas neoyorkinas. ¡Dios mío! y pensar que es una serie de culto. (La editora, again).

[9] Recopilación de relatos sobre robots y sus constructores, Trurl y Clapaucio. A este libro pertenece la deleitable historia «Los tres electropaladines», publicada por la colección Suspenso en su antología Misterio y galaxia. Junto a su también humorístico relato «¿Existe verdaderamente Mr. Smith?» y a la muy seria novela El «Invencible», son los tres únicos textos aparecidos en Cuba de toda la vasta obra de este autor de renombre mundial.

*5 Por cierto, me gustó la película rusa en dos partes, de 2008 y 2009. ¡Guau!, mira que se han visto rusos por ahí, pero Maxim… ¿será realmente ruso? (La editora, inter nos).

[10] Y como se ve, ya el mismo y kilométrico título es su primer chiste.

*6 Lo siento pero es que el libro se llama Trafalgar nada más, pues Trafalgar Medrano es el nombre del personaje, por lo que, bajo ningún concepto, te lo puedo dejar en cursiva, pues la cursiva es para los títulos de las obras, etc. (Nota de la muy apenada editora).

[11] De fanatic dominion, o sea, en buen español: la afición, los seguidores, los fans…

[12] Es muy de lamentar la ausencia de un relato de F. Mond en esta selección. Pero como los únicos textos cortos de CF que publicó, MusiúLarx y El primer encuentro no son en modo alguno humorísticos, como sus novelas ¡qué se le va a hacer! sniff, sniff.

[13] Eventos todos de ciencia ficción y fantasía, convocados por distintos talleres y grupos para creadores y fans: hubo «Ansibles» 2004, 2005 y 2006, organizados por el Grupo Espiral; hasta ahora ha habido «Espacio Abierto» 2009, 2010, 2011, 2012 y 2013, convocados por el taller homónimo; y «Behíques» 2008, 2009, 2010, 2011, 2012 Y 2013 preparados por estos dos grupos… más «DIALFA Hermes», «Anime No-Kenkyu» y otras asociaciones del muy joven y muy activo fandom fantástico nacional.

[14] «Ripios colgando de balcones y balcones colgando de ripios» ¿a que sí?

[15]Al límite de los olivos, Gente Nueva, 2009.*7

*7 Para cuando este libro salga, —digamos que dentro de un año—, ya Elaine tendría publicado, por Gente Nueva, Promesas de la Tierra Rota, una novela que me dio quehacer tiempo atrás. (No te puedes quejar, estuve incorpórea unas cuantas páginas).